Economista, periodista, padre, abuelo, pedagogo, reflexivo, comprometido, autocrítico, asustado, esperanzado... Todo esto y más es Joaquín Estefanía (Madrid, 1951) en su último libro, Abuelo, ¿cómo habéis consentido esto? Los graves errores que nos han llevado a la era Trump(Planeta, 2017), un texto de 313 páginas dedicado a sus dos nietas, Alba y Leila, de tres años y ocho meses, respectivamente.
El libro de este abuelo con aspecto de Santa Claus -qué fácil lo debe tener para hacer feliz a sus nietas en Navidad- está dedicado a los jóvenes del futuro, la generación que vendrá después de los millennialsy losseptennials, la generación de la era Trump, la generación de personitas de la edad de Alba y Leila.
Pero también es un libro para los políticos, para esa clase gobernante que no no tiene ni plan A ni B ni C. "Es mucho más fácil abandonar a los jóvenes", escribe Joaquín Estefanía, "mucho menos interesados en votar, condenados a un futuro de inseguridad y a un nivel de vida en declive, sin que haya habido, hasta hace poco, consecuencias políticas directas". El santo y seña de los partidos políticos han sido las pensiones y la sanidad, mientras paro y juvenil son dos conceptos íntimamente imbricados.
No future... Juventud sin futuro... ¿Por qué habéis consentido esto?... Joaquín Estefanía asume el mea culpa de una generación y explica lo sucedido a las que le sucedieron, en un tono pedagógico y estimulante que anima a tomar partido.

¿Por qué habéis consentido esto?

Este libro es el resultado de una reflexión sobre una derrota generacional, la de mi generación. Siempre aspiramos al progreso, pero al mirar a tu alrededor te das cuenta de que el conservadurismo se ha hecho hegemónico hasta retroceder. Mientras, los progresistas han hecho dejación de funciones, se vincularon a los conservadores en una especie de síndrome de Estocolmo hasta el punto de que para muchos jóvenes conservadores y progresistas son lo mismo. Los ven como a los gemelos de Alicia en el país de las maravillasa través del espejo. Y esto es lo que ha producido una crisis de representación política globalizada. Para preparar este libro me entrevisté con una serie de jóvenes. En una de esas charlas, me afearon la conducta. "Oye", me dijeron, "pero vosotros sois también un poco responsables".

¿No está siendo demasiado duro con los de su edad? ¿Tanta culpa tienen?

No hay una homogeneidad, pero sí es cierto que nosotros creímos bienintencionadamente que los derechos adquiridos estaban para quedarse, pero con los primeros coletazos de la Gran Recesión entramos en una especie de coitus interruptus. Los jóvenes no son los únicos perdedores emocionales de esta crisis, pero me he centrado en ellos porque están desatendidos. Mientras que los partidos políticos prestan toda su atención a las pensiones y al futuro de las prestaciones sociales- lo cual agradezco, estando como estoy jubilado- ninguno se compromete con ellos.

Pero ustedes que tanto se culpan, ¿podrían haberlo evitado?

He intentado centrarme en los jóvenes. Como jubilado que soy, estoy encantado de que los partidos se ocupen como primer problema del sistema de protección social y de nuestras pensiones... Pero no se trata al mismo tiempo el problema de la juventud. Ningún partido se ha dirigido al 40% de jóvenes en paro, un 39% de ellos de larga duración, el 90 y 95% precarios o precarios estructurales. ¿Cómo vamos a abordar la reforma laboral para que esto no vuelva a suceder? La reflexión sobre la cuestión juvenil es central. O recuperamos un poco el control social o vamos a tener un problema grave.

Lo consintieron, aceptado, pero ¿y si no lo hubieran hecho?

Habríamos puesto en primera línea la juventud como principal problema de España, un problema actual, y no el de los jubilados, que es un problema futuro. Es intolerable que no hayamos puesto en marcha un plan de choque, mucho más barato que ayudar a que los bancos sigan sanos, para resolver los problemas de pobreza energética, emancipación de los jóvenes, vivienda... Un joven que quiere alquilar casa tiene que dedicar el 69% de su sueldo a este bien básico y, probablemente, a lo máximo que pueda aspirar es a una habitación en un piso compartido. Este libro es un intento de llamada de atención. El problema más urgente que tenemos en España es el futuro de nuestra juventud.

Pero es un libro dirigido a la juventud y no a quienes pueden emprender esas reformas desde la Administración.

Es un libro muy pedagógico. Dirigido, sí, a que lo lean mis nietas cuando tengan la edad suficiente para entenderlo, pero también a los millennials y a los septennials, las generaciones de mis hijos. Muchos de ellos no pueden estudiar porque las matrículas son caras, no pueden trabajar porque no hay trabajo. Sin estudios, sin futuro, se están convirtiendo en ciudadanos nihilistas, se sienten como flores en la basura. Este libro está dirigido a ellos, pero es una llamada de atención, también, a nuestra clase política.

¿Por lo del No future? Que quizá no sea nuevo.

No, claro, no lo es. Y lo que ocurrió en el 68 tampoco. Del mismo modo que la relación conservadora tiene continuidad en distintos momentos, también estos movimientos progresistas tienen continuidad. Estas cifras son mucho más profundas que en otros momentos. En 2007, un joven se emancipaba a los 25 años, ahora ese joven de 25 años se emancipa a los 31. Esto es dramático.

Este libro viene a ser la continuación de otro anterior. Hace 15 años, una editorial me encargó publicar el libroHij@, ¿qué es la globalización? La primera revolución del siglo XXI. La globalización era el concepto de moda entonces. Hoy ya es una realidad consolidada. La editorial me había pedido un libro titulado, más o menos, La globalización explicada a mis hijos, pero tuve que dar la vuelta al enfoque y que me la explicaran ellos a mí. Finalmente, aquella era su época y no la mía. Mis hijos están a punto de dejar de ser gente joven para pasar a ser gente mayor o adulta. Aquí aparecen mis nietas, las primeras hijas de mis hijos, todavía muy pequeñas. Los millennials y los centennials no quieren ser adictos al trabajo, ni vivir endeudados, ni llegar tarde a tener hijos, no quieren trabajar toda su existencia, imaginan otro tipo de vida. El futuro de estas generaciones dependerá mucho de su educación, pero también de cambios que no sabemos prever.

Los mismos jóvenes han cogido el altavoz para gritar alto y claro que no nos representan, pero ha dejado de vérseles en la calle.

En absoluto se han olvidado de la calle. Todo lo contrario. Lo sucedido los últimos cinco años con movimientos como el de Los Indignados u Occupy Wall Street demuestra que existe unidad entre los jóvenes. Unidad, crítica y capacidad de lucha. El hecho de que los jóvenes coincidan en sus demandas y la manera de manifestarse a lo largo del mundo demuestra que los males son comunes a todos ellos, con indiferencia de si viven en Madrid o en Nueva York. La diferencia aquí la ha marcado España, donde la política exprimida al 15M, esa indignación, ha llegado al Parlamento, donde Podemos ocupa 71 escaños.

Pero del 15M a Podemos mucha fuerza reivindicativa y creativa se ha diluido, es como si hubiera perdido fuelle al llegar a la política.

Se ha diluido porque se han corporativizado mucho los movimientos. Los trabajadores de la Sanidad se han ocupado de la Sanidad, los de Educación de Educación, los taxistas se preocupan de que no entre Uber... pPro no se ha producido una confluencia de todos esos movimientos, primero en la calle y luego en las instituciones.

Estos movimientos tienen su versión local en cada país [MovimientoYosoy132 de México y el movimiento estudiantil chileno, la Nuit debout francesa, entre otros, además del muy conocido Occupy Wall Street], pero solo en España han logrado entrar en el Parlamento, y lo han hecho con mucha fuerza.

Ojalá que Podemos no desaproveche la oportunidad. En esos otros países, esos movimientos han seguido en la calle.Y, claro, la calle cansa mucho, no puedes estar en ella permanentemente. Aquello también fue lo de mayo del 68: cuando se acabaron las movilizaciones la reacción volvió, y con mucha más fuerza.

Lo fundamental de estos movimientos en España han logrado entrar en el Parlamento y lo importante ahora es que no pierdan la oportunidad. Ellos son la nueva política,frente a la vieja. Este binomio de nuevo y viejo parece impregnarlo todo. Los sindicatos han tardado en hacer esa regeneración, pero el sábado pasado Ignacio Fernández Toxo anunció que se echaba a un lado para dejar paso a alguien más joven, Unai Sordo, de 43 años.

Hasta donde yo conozco, intuyo que se han dado cuenta de varias cosas. Los jóvenes y los sindicatos son antitéticos, no hay jóvenes en los sindicatos. Con el tópico de que solo se preocupan por los trabajadores del establishment, han dejado fuera los modelos laborales, intereses y expectativas de los trabajadores o futuros trabajadores jóvenes. Pero el mundo sindical está en plena reflexión. Las reacciones sobre la renta básica universal, sobre la renta mínima, sobre la robotización, sobre la negociación nueva, no solo la colectiva... Todo ese tipo de cosas están bullendo en el mundo sindical. Que Toxo haya dejado paso nos hace pensar en el germen de algo

Definamos "algo".

En estos momentos están emergiendo por todas partes grandes pensadores entre los jóvenes, personas en activo en organizaciones de la sociedad civil. Son como casandras a las que antes no se les hacía caso y que con la crisis de la socialdemocracia están siendo escuchados. Todavía es muy emergente, muy minoritario, pero está ahí. Los movimientos europeístas de jóvenes dicen: "No queremos esta Unión Europea, pero queremos la Unión Europea". Esos movimientos están surgiendo en la sociedad civil, está recuperando la capacidad de influir.

Porque la Unión Europea, otra institución, parece estar también de brazos caídos.

Porque es el monopolio de gobiernos conservadores, país a país, Estado miembro a Estado miembro. El cambio vendrá cuando las urnas marquen la diferencia. Vamos a intentar que en las próximas elecciones al Parlamento Europea haya una correlación de fuerzas diferentes, que el presidente del Parlamento no sea un conservador, que venga un Jacques Delors, y que el BCE tenga derecho a un presidente que no venga directamente de Goldmand Sachs. Hay que construir, deconstruir.

Bueno, si ustedes como dice lo han consentido, ¿nos dan algún consejo para mejorarlo?

Votar, participar, cambiar la correlación de fuerzas, como primera medida. Después, reformar, en el sentido profundo y progresista de la palabra. No caer en la trampa del lenguaje. Sólo escuchar el término reformas hace pensar que alguien va a meter la mano en nuestro bolsillo. Lo tercero, hacer una reflexión sobre qué modelo de crecimiento y qué modelo económico queremos para este mundo.

No para España.

No sólo para España, para este mundo. No hay problemas importantes que no sean globales, son los mismos problemas que se están dando en todas partes.

Y, de ahí, a la revolución.

Sí, sí parece que estamos en los inicios de algo. ¿De una revolución? Puede ser. Algo bulle. Es minoritario. El debate ya no es entre izquierda y derecha, sino entre estabilidad y cambio. Está claro que algo pasa.

entrevista a Joaquin Estefania
el huffingtonpost.es